martes, 5 de mayo de 2015

Psi

Odilon Redon



Conocí a unos hombres que deseaban ser objetos,
una mujer intento de mesa,
un varón intento de sombrero,

había también varones que no se pensaban mujeres,
mujeres que no se sabían varón
y luego personas, que no se querían nada más.

Pero las mesas no entienden de construcciones,
y los sombreros no saben nada del poder.


Había un varón a semejanza de Dios,
una diosa a imagen de mujer,

caídos en un pecado ajeno y una vergüenza propia,
crecidos de la mutilación ajena,
construidos en la clasificación y la violencia.



Había una mujer sin orejas que no veía,
un varón sin ojos que no entendía,

y de ahí su pretensión de objeto,
y de aquí su deseo de conocimiento.



Unos hombres que creían en el saber,
una persona vara de medir,
una otredad institución.

Y entre todas inventaron la objetividad,
y entre todos tuvieron que engullirla.

Oph

jueves, 19 de marzo de 2015

En noches como esta.

No vino como se le esperaba,
no fue la rápida exhalación brillante y clara de la que le habían hablado.
Vino tan roto en pedacitos que ella misma tuvo que reconstruirle,
a pesar de cortarse el cuerpo con las aristas
de mancharse el alma con las heridas,
Tanto fue así que apenas lo reconoce,
que apenas lo acoge,
lo ve pasar.

Es tan diferente de lo largo tiempo esperado
que disfrutarlo es siempre amargo y ansioso.
Como un niño abandonado y abrazado,
y vuelto a llevar a la escuela a la mañana siguiente,
y vuelto a caer en el barro
y vuelto a besar la rodilla,
y casi sin querer tocado sobre el muslo.

Pero es que ese es el estilo de las vidas,
una bofetada que acaricia,
un beso que araña,
el pan fresco mojado,
un frío que esconde el miedo
si ellas supieran lo insano que es eso en los primates…

Al menos espera continuidad en la inconsistencia
y que desaparezca tan lentamente como vino,
que apenas note la ausencia,
que apenas el dolor,
que a penas la marcha,
en tan pequeñas privaciones que no haya deseo,
en tan pequeños pedazos que nada quede de ella después,
que fuera esta la vida.

Y es que en días como este me tuve entre los brazos,
y en noches me dejé caer,

volar al vacío.

Oph*

domingo, 1 de marzo de 2015

Punto de encuentro

Nunca encontró comunión más pura mancillada, mas nunca encontró comunión después.

Ellas eran sus ojos y solo a su través se podía conocer el mundo. Como única forma de entender eran forma única de expresar. Cualquier otro signo, cualquier otro atisbo de vida era una mentira muy franca, sin intención. No expresaba más que su incomprensión, y no había nada de cierto en ella.

Por ellas era legión, solo ellas comprendían su contradicción sórdida, la construían e incluso en el proceso podían jactarse de belleza, único testimonio de vida al otro lado de ese cuerpo. Único testimonio de la pena ni de la gloria.

“El papel lo aguanta todo”; que dicen, pues sí. Era el único pasaba el brazo, que arrimaba un hombro bajo el peso.

Solo así pasaba de mujer llamada a persona autoproclamada, de criatura conocida y expuesta a ojos ajenos a manifiesto, de visión y juicio a exposición y velo, a mentira.

Y solo de estas mentiras elegidas y gritadas, arrojadas a los pies, escupidas a las caras, solo así pudo conocerse ápice alguno de verdad.

Solo así pudo palparse la verdad sórdida en la convulsión, en el movimiento y el ahogo, en la fatiga, 
en la vergüenza, tras la sonrisa.

Y fue entonces allí mismo, ante la mirada de unos extraños que consumó su amor más carnal, que por primera y vez última habló y ellos la miraron como si comprendieran, pero no.


Y siguieron llamando, mirando y juzgando. Sin golpes, como si nada, uno de ellos no por no tener no tenía ni miedo.

Oph

martes, 17 de febrero de 2015

Invierno Amarillo.

...continuación

Les traje en los zapatos aquella que las olas del mar no me quiso traer, se la traje en la piel. Aquello que no era más suyo que mío, que era menos mío que suyo, que solo esperaba no haber extraviado en la risa y el desconcierto.
Se lo traje esperando que lo reconocieran tras el viaje, que también quisieran conocer a la artífice de tal deformación en lo más preciado.
Se lo traje para que me miraran como se mira a los animales en el circo, para que me vieran tras las rejas, oda a la humillación, y pensaran más en ustedes que en mí. En cómo habían llegado a tal perversión, en cómo me habían encerrado tras las sombras.
Para que me reconocieran entre la pena y el asco. Se lo traje por si tal vez me confundían con la bailarina o el poeta, por si les había distraído el guitarra o la cantante, por si ya no querían verlo.

En realidad solo me traje por si seguías mirando, al otro lado de la reja, por si aún me veías aún en la sombra.

Oph

lunes, 2 de febrero de 2015

La flor.

Miro a la incertidumbre, encerrada dentro del vaso
frágil y vulnerable adopta la forma del invierno.

La miro y está como distorsionada,
excediendo el contorno del cristal-i no-
Solo un pestañeo es suficiente para desbocar al corazón hasta la taquicardia,
solo un suspiro podría reventar el vaso y llenar de cristales las ideas ya mojadas,
aun a sabiendas de que en ese estado será imposible recogerlas del suelo sin cortarse.

Miro a la incertidumbre y sé que en realidad esta lo es todo,
que no existe la certeza ni la querríamos,
que ni si quiera nos importa,
que pasará solo una vez aunque al pasar nos golpee infinitas veces,
que nos encontramos siempre pendiendo del no retorno,
que éste es el único eterno.

Miro a la incertidumbre encerrada dentro del vaso y me sonríe
y me repliega y se asusta,
y me asusto y se expande.

Miro a la incertidumbre que adopta la forma amarilla de este invierno.

Y en un vaso, como olvidada, se desmalla la flor.

Oph

domingo, 11 de enero de 2015

"El otro lado del espejo"

Me miraste aún con las manos ensangrentadas, llenas de cristales. Consciente de haber roto el puente a la realidad. Jugueteando con la idea entre tus manos, aunque escurra ya hasta los codos y encharque el piso, y los calcetines en los zapatos. Un puente a ti misma, un puente al pasado.

Me la enseñas a mi, que sabes que vengo "del otro lado del espejo" y que no voy. Y yo te devolví la mirada, como se devuelven los besos. Desde el otro lado.
Me la enseñas a mi ahora que puedes, antes de que vengas a mi lado, y entonces no podamos pensarnos, ni enseñarnos nada.
-Ni queramos-

Y te reías... enloquecida y furiosa y vida.

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Me la enseñas a mi, que sabes que no la conozco y que no deseo los puentes, que he renunciado al pasado, a mi, Que mi realidad es ilusoria, y que no la creo más que para colocarme en el tóxico y ligero vapor que exhala al chocar contra el frío, y así parecer como que transito, aún sin piso, y sin calcetines en los zapatos.

Me la enseñas sobre todo porque no tengo futuro en que recordarla y sabes que eso os duele.
La sangre sigue brotando y tu te revuelcas en su olor nauseabundo mientras dure y en su calidez, como si pensaras que puede ahogarme o eclipsarme.
Me la enseñas porque no estoy, porque solo estuve, o estaré, y ni aun entonces podré verla.
Me seduces entre olores y gritos, en sudores y gemidos, tu, te jactas de tu propia mitosis, me seduces en silencios. Y no te das cuenta que no haces sino tender a mi, sino llamarme.

Y me reía... inefable y cuerda y muerte.

Oph

miércoles, 7 de enero de 2015

"Día estrellado".

Allí estaba la esencia, en el fondo de la noche, 
en el borde del día.
En darlo por comenzado sin dar por terminado el 
anterior
Nosotros también estábamos allí, inconscientes en palabra y acto.
En que este ya fuera el 
presente
Aboliendo a gritos, empapados en sudor, deseosos de amar.
Noche, en la que el significado de estos conceptos se disolvía, 
revueltos en la luz, que clara entra, atravesando la mañana, los cristales.
Arremolinando las motas de polvo entre el rayo y la pupila.
Cargando un ambiente que no entiende, que no quiere y no enrarece.
Nuestros estómagos no piensan lo mismo.
Que no respira, que no está. Que no tengo, que no hay.
Nuestras cabezas no pueden sino rugir a traspiés
La luz chillona nos habla de nuestro pecado,
nuestra inmortalidad
Qué fractura más constante, qué dislate
En el borde del vaso se alborozan los suspiros.
“¡Oh, cráneo privilegiado!”
En el fondo hasta los posos se ríen.
Que aun roto y cuadrado sigue rodando,
engranaje sobre engranaje,
cuerpo sobre cuerpo.
Es casi medio día y aun el sol pende de un hilo.
Tan frío y distante como me siento prefiero quedarme aquí contigo.
No, luna no hay. No digas disparates.
¿Hasta
mañana?
Sí.


Oph- 
31 diciembre-1 enero.