Una serenidad inflamada, un suspiro anóxico, unos pulmones
que al contacto con el oxígeno arden en busca de una ausencia, porque ya te has
ido y ni siquiera puedo recordar claramente que estuviste, que tal vez hubieras
estado, cerca o lejos ya no importa, simplemente que exististe. Como si de un
tiempo a esta parte te fueras, como si de silencios te perdieras, tal vez eras uno
de esos seres que necesita de una eternidad para quedarse, una de esas almas
ansiosas y volubles, como si de un ser no autoconsciente trataras, una que del
pensar de otros necesitara para existir, para ser, cual obra sin proyecto, sin
nombre más que el que tal vez saliera de mis labios y aun ahora ya voy notando
cómo me canso al tratar de recordar lo que nunca existió, lo que nunca fue por
entero e independiente, lo que nunca pudo estar construido por sí solo, más
allá de mi propia construcción de lo mismo y es que tan siquiera puedo pensarte
sin tener que inventarte y ni tan siquiera esta invención puedo cuidar, esta
que dudoso esfuerzo supone, y terrible daño ejerce por disonancia, por
traición, cómo cuidar entonces de tu débil y quebradizo espíritu, que a cada paso
debía reconstruir, cómo acercarte, cómo haberte siquiera alejado cuando no eras
sino lo que por mí existías.
¿Cómo, nostalgia inmanente?
Oph*
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